Como músico seguramente has escuchado esta frase infinidad de veces, hasta se podría decir que no eres músico si no te la dijeron alguna vez. Muchos la escuchamos de nuestra familia o amigos, otros más, de algún desconocido que se acerco a nosotros después de alguna tocada como si su labor fuera poner el primer obstáculo en el desarrollo de nuestra carrera. En un caso más extremo, hay algunos que la escucharon de algún profesor ya sea particular, en una academia o en el conservatorio/universidad. Y es que esta frase se repite tanto que ya casi se percibe como una realidad, como algo que los nuevos músicos deben de saber.
¿De la música no se vive? La verdad detrás de esta frase
La respuesta sencilla a la pregunta, de la música no se vive, es NO. Pero decirlo así de simple sería injusto: hay matices, realidades y estrategias que necesitamos analizar. Si decimos que de la música si se vive, tendríamos que preguntarnos porque hay tantos músicos que tienen un segundo empleo. Muchos de esos “segundos empleos” no necesariamente son un signo de fracaso, sino una estrategia para equilibrar la balanza entre la pasión y la estabilidad económica. La música, como cualquier otra profesión creativa, se mueve en un terreno donde el talento no siempre se traduce de inmediato en ingresos constantes. No porque la música no tenga valor, sino porque vivimos en sociedades donde el arte muchas veces se percibe como un lujo y no como una necesidad.
También es cierto que el éxito en la música rara vez sigue una línea recta. Algunos viven de conciertos, otros de la docencia, de la producción, de la composición para medios audiovisuales o de la gestión cultural. En muchos casos, la vida del músico se construye como un mosaico de actividades, cada una aportando un pedazo del ingreso y, más importante aún, un pedazo de realización personal.
Quizá la frase “de la música no se vive” ha sobrevivido tanto tiempo porque es más fácil repetirla que cuestionar el sistema que la hace posible. Si la educación artística fuera más sólida, si existieran más espacios para presentaciones, si el público estuviera más dispuesto a pagar por el trabajo de los artistas, tal vez esa frase sería tan absurda como decir que “de la medicina no se vive” o “de la ingeniería no se vive”.
¿Cuánto gana un músico? La realidad de los ingresos

Hablar de cuánto gana un músico es difícil, debemos tener en cuenta el contexto social en el que vive y labora, no ganará lo mismo un músico que trabaje en una gran urbanización a uno que viva en una comunidad. En Chiapas, por ejemplo, podemos poner sobre la mesa cifras reales aunque variadas. Según datos del INEGI (2023) citados por Alerta Chiapas, el ingreso promedio mensual de un músico en el estado oscila entre 5,000 y 8,000 pesos, que a simple vista, podría parecer un buen ingreso para un músico que únicamente labora una hora los fines de semana (viernes y sábado), lo cual daría un promedio aproximado de 843.75 pesos por hora. Sin embargo la realidad es muy diferente pues en ningún lugar de Chiapas te llegan a pagar esa cantidad por una hora de trabajo, realmente los músicos mejor pagados deben de estar ganando entre los 250 y 300 pesos por hora, lo que significaría que para ganar ocho mil pesos mensuales, ese músico deberá de trabajar de 3 a 4 horas por día.
Si tenemos en cuenta la cantidad de músicos nos daremos cuenta que la gran mayoría no toca todos los fines de semana y mucho menos toca todas las semanas, así que para lograr una estabilidad económica el músico esta obligado a diversificar su trabajo: tocar en vivo, enseñar, grabar, producir, componer… y, sobre todo, aprender a valorar y cobrar justamente por su trabajo.
Cobrar lo justo en la música: un reto para muchos músicos
¿Todo músico cobra lo justo por su trabajo? La respuesta honesta es no. Y no siempre porque el músico no quiera, sino porque muchas veces no sabe cuánto vale realmente su tiempo, su preparación y su arte. En un medio donde no existe un tabulador oficial de tarifas, cada quien establece su precio según su experiencia, la urgencia del trabajo, el tipo de cliente, lo que “se acostumbra pagar” en la zona y en algunos casos cobrar mucho menos de lo que ofrecen solo para quitarle el trabajo a otro músico.

Foto: Francisco Bernal
Esto provoca que, por desconocimiento o necesidad, haya músicos que acepten tocar por cantidades muy por debajo de un pago justo. El problema es que esto no solo les afecta a ellos: también genera una percepción errónea en el público y en los contratantes, quienes empiezan a pensar que la música es barata o incluso gratis. Cobrar justamente implica más que poner un número: significa calcular horas de ensayo, inversión en equipo, transporte, tiempo de montaje y desmontaje, así como la experiencia acumulada a lo largo de años. No se trata de inflar precios, sino de darle un valor real y sostenible al trabajo para que la profesión siga siendo viable.
Salarios bajos en la música: causas y responsables
Entonces, ¿Quiénes son los culpables de los salarios bajos? Sería fácil señalar solo a los contratantes, pero la realidad es más compleja. Los salarios bajos en la música son el resultado de varios factores que se entrelazan:
El público que no valora el arte
Cuando la música se percibe como un “extra” y no como un trabajo, es común que se regatee el precio o se espere que sea gratis “por la exposición”.
Los contratantes que buscan lo más barato
Hay quienes prefieren pagar menos aunque eso signifique sacrificar calidad. Esto alimenta un mercado donde el precio importa más que la experiencia o la preparación del músico.
Los propios músicos
A veces, por necesidad o por falta de información, aceptamos pagos muy bajos. Esto genera un precedente que otros usan como referencia para pagar menos en el futuro. Esto se da en demasía con los músicos que no se dedican profesionalmente a la música, que la tienen como un pasatiempo y su trabajo formal es otra profesión, estos músicos muchas veces no cobran un salario y tocan a cambio de una cena o de bebidas, ellos son los que más daño le hacen al músico profesional.
La falta de organización gremial
En muchos lugares, los músicos no cuentan con sindicatos, asociaciones o colectivos que fijen tarifas mínimas y defiendan sus derechos laborales.

Foto: Francisco Bernal
En fin, de la música sí se vive, pero solo si aprendemos a vivir de ella y eso requiere estrategia, constancia y, sobre todo, dignidad para cobrar lo que vale nuestro trabajo. La frase “de la música no se vive” seguirá repitiéndose mientras permitamos que el arte se trate como un pasatiempo y no como una profesión.
El cambio empieza en nosotros: músicos que conocen su valor, que se apoyan entre sí, que educan al público y que no tienen miedo de decir “no” a condiciones injustas. Porque cada vez que aceptamos menos de lo que merecemos, estamos construyendo un futuro donde la música será abundante, pero los músicos escasos.
Si queremos que las próximas generaciones puedan vivir de la música, debemos empezar hoy a defender su valor. No es solo nuestro sustento, es nuestra voz, nuestra historia y nuestra forma de existir en el mundo. ¿O tú que piensas? Dilo más abajo en los comentarios.
Todas las imágenes fueron tomadas por el autor o compartidas con permiso. Se utilizan únicamente con fines informativos y culturales.




